Drutz

2 Febrero, 2009

Actualización de Google Earth

Categoría: Curiosidades, Informática - artdyl @ 10:17 pm

   Se ha liberado una nueva actualización de Google Earth, la 5. Los que aún no os habéis enterado, podéis ir corriendo a descargárosla.

    Viene con varias y muy interesantes novedades. Una de ellas es la de poder recorrer el fondo marino. La verdad es que esta opción aún no la he probado, y tampoco es que me inspire demasiada curiosidad. Pero pensándolo bien, una cosa hay que reconocerle: cuando por fin asesine al puto vecino de los cojones, ése tan molesto, Google Earth será una eficaz herramienta a mi alcance que me permita encontrar el mejor lugar donde emular a Dexter. Mola. De verdad. La otra novedad, que sí que he corrido a probar, es la posibilidad de "viajar en el tiempo". Básicamente te situas donde quieres, y dándole a la pestañita que activa el modo histórico, se abre una barra deslizadora para ver la misma escena años atrás. Como es evidente, lo primero que he buscado es lo mismo que seguramente habrán buscado al menos la mitad de cabrones que hay sueltos por el mundo. La misma que tú, amado lector, ya viste o que andarás mascullando para tus adentros que será lo primero que veas en cuanto descargues la nueva versión. Se trata, cómo no, del Word Trade Center.

30 Enero, 2009

Flapa

Categoría: Frikismo - artdyl @ 12:23 pm

Gran descubrimiento, el blog de Flapa. Quiero mostraros mi amor:

 

Va por vosotros.

 

 

5 Diciembre, 2008

¿Con qué religión me quedo?

Categoría: Religión, Frikismo - artdyl @ 1:08 am

Últimamente ando meditando la opción de incluirme en el culto de alguna de las religiones imperantes. Me he dado cuenta de que el ateo, a ojos de la mayoría del mundo, es la más grande escoria que jamás ha pisado la tierra. Por lo que oigo, el ateo es deleznable, amoral, torticero, insolidario… ¡y para colmo creyente! La lógica viene a decir que si tú no crees en un dios, entonces estás teniendo una creencia. Parece ser, en definitiva, que el ateísmo no es cool.

Oh, y a mi que me gusta tanto ser cool

Así que me he decidido. A partir de ahora, voy a ser seguidor de algunas de las religiones que pueblan el planeta. El problema llega a la hora de decidirme: son tantas, y tan parecidas, las religiones que pueblan el orbe… No es fácil. Por eso, para ordenarme un poco, y ayudarme a decidirme, he creado una pequeña lista, más o menos exhaustiva, buscando encontrar los puntos fuertes y los puntos débiles de cada religión, de modo que pueda ordenar un poco en la cabeza todos los pros y los contras que me conduzcan a una muy meditada y (espero) acertada opción. Pero antes que nada, he de advertir que sólo opto por religiones de tipo teísta, concretamente, la monoteísta. Las religiones politeístas, convenzámonos, están un poco pasadas de moda. Y además, tienen desventajas: ¿quién me garantiza que si opto por Atenea, no estará el cabrón de Poseidón a la espera de joderme cada vez que pise el mar, como le pasó a Ulises? Además, sería muy aburrido: si me hago seguidor, por poner otro ejemplo, de Melkart, cuyo templo me pilla cerca aquí en Cádiz, puedo pasarme una noche entera discutiendo con alguien que afirme que su nombre es Hércules, y no seríamos capaces de llegar a ningún puerto. Desesperante. El Dios monoteísta, por el contrario, mola. Si elijo bien, me manda al cielo por creer en el y se carga a la turba de infieles que malescogen. ¿Se puede ser más cool que cabalgando a lomos del caballo ganador? También descarto religiones de tipo sintoísta, lo cual también tiene su explicación: salvo que aparezcan nuevos espíritus, el del edificio de tal, el del intenné, el del bar de striptease… poca utilidad tiene creer en el espíritu del río que piso una vez al año, o de la montaña que ni me molesto en escalar, o del ciervo que no veo ni en una montería. Bah, a la basura. En cuanto a las más "meditables", por llamar de alguna manera al confucianismo, el budismo, o la preparación de artimañas para llevar a las chicas a la cama, también lo descarto por pereza. Lo quiero todo hecho. No quiero ser un buen budista, y terminar reencarnándome en un gato, necesitando todavía de más reencarnaciones para llegar al nirvana. Quiero el cielo, y lo quiero ya. Ah, y santerías y demás religiones de más diversa índole también son descartadas. Como digo, quiero un único dios molón. Y punto pelota.

Como hay mucho religioso por ahí, la clasificación la hago en orden alfabético. De modo que no se hieran suceptibilidades.

 

1 - Cristianismo:

El cristianismo es, con casi dos milenios a cuestas, una de las religiones con más difusión que hay. Es divertido, porque un tipo con un disfraz curioso se planta en lo alto y lee el libro sagrado, para terminar ofreciendo un cacho de pan (o algo parecido), y te explica que con ese pedazo te estás comiendo al jefe, un judío que murió para salvarnos a todos. Esto último no me pregunten porqué o cómo, porque dicen que es el misterio de la salvación, y se quedan tan panchos. Tiene, además, una gran cantidad de corrientes, por lo que se sirve muy a la carta y al gusto de todos.

Catolicismo: Consiste en aceptar la autoridad moral de un viejo que se dice descendiente de Pedro. Al contrario de como sucede en los reyes, este cargo, pese a ser vitalicio, no se transmite de padres a hijos: todos los Santos Padres fueron castos y jamás dejaron descendencia. Sin embargo, son descendientes en la misma manera que el jefe, que según dicen fue concebido de madre virgen, es descendiente del gran rey hebreo David por su padre putativo. Vamos, que lo de la descendencia es algo con guasa. Y eso es un punto a favor: los católicos son chistosos y graciosos. Así que 1) Ventajas: tienen su punto gracioso, y al haber sido bautizado cuando aún no se me empinaba, ya soy miembro del club de facto. 2) Desventajas: si me entra la vocación, se acabó el sexo.

Evangelismo: Aunque dicen que hay corrientes menos abrasivas, consiste en creer a pies juntillas la Biblia. Es decir, el mundo fue creado hace unos 6.000 o 10.000 años, tal y como explica el Génesis, los dinosaurios convivieron con el hombre, hubo un diluvio, y los maricones y demás escoria merecen la muerte que tuvieron Sodoma y Gomorra. 1) ventajas: son el futuro, y desde los EEUU van a controlar política y económicamente el mundo. 2) Desventajas: son, junto con los mormones los que tienen el cerebro más infrautilizado. Lo que bien pensado, puede hasta ser una ventaja.

Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días: Tienen, de largo, el nombre más molón de todos, también conocidos como mormones (y a mí me encantaban de pequeño los mirmidones de Aquiles). Los mormones van con traje y corbata de casa en casa, dando la buena nueva y difundiendo por el mundo el mensaje de que Jesús te ama. Tienen, además, la rara habilidad o poder de pegarse cada mañana una sonrisa radiante en la cara. Puedes escupirle, que la sonrisa no se va. ¡Increíble! 1) Ventajas: Puede ser que te toque para difundir la palabra una tía de muy buen ver como compañera. 2) Desventajas: Puede tocarte para difundir la palabra un adefesio como compañera.

Protestantismo: Todavía no me quedó claro si el protestantismo surgió porque Lutero, siguiendo una corriente que nacia de Erasmo, pretendía humanizar un catolicismo demasiado aristocrático e irreal, o si existe por obra y gracia de un rey como Enrique VIII que poseía un hambre voraz por las esposas. En cualquier caso, hoy en día la mayor diferencia que tiene con el catolicismo es que los curas pueden esparcir su semilla por el mundo. Al menos, de forma abierta. 1) Ventajas: puedes vacilar a los amigos católicos explicándoles que en el siglo XVI ellos eran los malos. 2) Desventajas: probablemente, si eres protestante, hables inglés y digas faggot con voz amariconada.

 

2 - Islamismo: Consiste en afirmar, sin ningún atisbo de duda, que Alláh es Dios, y Mahoma su profeta. El que no transija, se convierte en un buen candidato a estrenar la gasolina y una buena cerilla. Tienen el asombroso poder de ir a la montaña si la montaña no viene a ellos. Y otra cosa destacable es el hecho de que no existe una autoridad última, sino que cada cual sigue a uno u a otro, lo que eventualmente permite la posibilidad de que uno interprete la ley a su manera. Si yo lo consiguiera, significaría que podría prometer (y prometerme) un cielo con una virgen por noche para desflorar. Impresionante y maravilloso. 1) Ventajas: Autorización plena para abandonarme a la misantropía y hacer del mundo real un Doom de infieles. No hará falta juegos de ordenador para entretenerme haciendo saltar vísceras. 2) Desventajas: Necesitaría unas gafas con visión de rayos x para estar seguro de que me caso con una tía buena. Es imposible saberlo con seguridad por culpa del burka. Pero pensándolo bien, en realidad, puedo casarme cien veces, con lo que por estadística terminaría dando con alguna Elsa Pataky, o más de una. Luego acuso al resto de adulterio, las lapidan, y me quedo con las que me interesan.

 

3 - Judaísmo: Como los islamistas, ser judío tiene que ser como estar en un juego de ordenador, sólo que ahora de estrategia por turnos en vez de un kill’em all, con el mapa de Oriente Medio, siendo el objetivo conquistar, esclavizar y oprimir Palestinos, aunque a veces sean desesperantes los conatos de rebelión del enemigo. El Dios hebreo, además, mola, puesto que al igual que los Dioses de la antigua Grecia, es celoso, cabrón, iracundo, a veces chistosos (recordad a Abraham y su hijo Isaac), y tiene una mala leche impresionante. Lo único malo, que la lascivia no está entre sus características, al contrario que en sus homólogos helénicos. 1) Ventajas: Pertencer al pueblo elegido. A la créme de la créme. 2) Desventajas: Te cortan un cacho de polla.

 

4 - Pastafarismo: La religión del Monstruo del Espagueti Volador trata de expandir el tallarinesco apéndice por todo el mundo. Tienen, de largo, al mejor profeta y sus discípulos: el capitán Mosey y el resto de piratas y corsarios. Es una religión reciente, por lo que se prevee que está en crecimiento, y es una de las religiones más libres y condescendientes: en vez de los Diez Mandamientos tiene los Ocho Preferiría que No. En el cielo hay volcanes de cervezas hasta donde alcanza la vista, además de una fábrica de bailarinas de strip tease, mientras en el infierno también están los volcanes de cerveza (pero rancia) y la fábrica de bailarinas (pero estas tienen enfermedades venéreas) 1) Ventajas: Puedes comerte al jefe y, esta vez sí, es realmente sabroso. 2) Desventajas: No queda claro si adoraría al MEV (Monstruo del Espagueti Volador) o al FSM (Flying Spaguetti Monster).

 

5 - Unicornio Rosa Invisble: Tiene la particularidad de ser una religión que se fundamenta tanto en la fe como en la lógica. Para entenderlo, basta con ver cómo el creyente de esta religión sabe, por fe, que la Unicornio es Rosa. Pero, por lógica, también sabe que como no se ve, la Unicornio es Invisible. De todas las religiones mentadas, tiene la base teológica más sólida de todas. Es imposible demostrar que la Unicornio Rosa no extiste. Y su eslógan, aunque en inglés, mola: "Blessed Be Her Holy Hooves, Peace Be Unto Her, or May Her Hooves Never Be Shod". 1) Ventajas: El número importante de la Unicornio Rosa es el 42. Como todo el mundo sabe si unes los dígitos del año en que ella se creó (1+9+9+4) se obtiene 23. Si se añaden 4 (por Sus Cascos), se añaden 2 (por Sus Orejas), se añaden 2 (por Sus Ojos), se añade 1 (por Su Cuerno), se añade 1 (por Su Cola) y luego se añaden 9, el resultado es 42. Y 42 es la respuesta al sentido de la vida, como ya mostraran los Monty Phyton. 2) Desventajas: Demasiado rosa podría confundir mis inclinaciones sexuales.

24 Octubre, 2008

Umbrío por la pena

Categoría: Literatura, Fotografía - artdyl @ 10:02 am

Miguel Hernández

 

 

Cardos y penas llevo por corona,

cardos y penas siembran sus leotardos

y no me dejan bueno hueso alguno.

 

No podrá con la pena mi persona

rodeada de penas y de cardos:

¡cuánto penar para morirse uno!

 

 

(tomada en el cerro de la Calavera, Portaje, Cáceres, en un día entre nubes constantes y lluvias intermitentes)

8 Septiembre, 2008

El niño Miguel

Categoría: Música - artdyl @ 8:14 pm

   Fue un amigo mío el que me puso en la pista de un personaje trágico, un romántico atrasado en el tiempo, con todo el halo de fatalismo y maldición con el que gusta disfrazar al genio. Hablo del Niño Miguel, uno de los personajes más reconocibles de la geografía onubense.

   El Niño Miguel fue, en su momento, una de las mayores promesas que ha dado el flamenco. Hasta el punto de que hoy, me cuentan, el Niño Miguel es considerado el mejor tocador de guitarra que ha visto Huelva en toda su historia. Pero se le truncó la vida. Nació en 1952, en la tierra del río Tinto, hijo de Miguel el Tomate y tío de Tomatito. Vivió su época dorada en los setenta, cuando su concepción de la bulería causó sensación, sorprendiendo al propio Paco de Lucía, que lo llevó a la discográfica con el resultado de dos discos imprescindibles con Universal, que actualmente se encuentran descatalogados. En su apogeo, en 1973, lograría el premio de honor del Concurso Nacional de Guitarra de la Peña los Cernícalos de Jerez.

El Niño Miguel, entonces (YouTube)

   Hoy no es más que una sombra de lo que fue. Vaga por las calles de Huelva, sumido en la miseria y en la adicción por las drogas, totalmente destrozado. Allí canta a quien se lo pide por algunos euros, ofreciendo muchas veces un momento irrepetible para el afortunado, que no es más que un reflejo de su miseria para él. Me contaba mi amigo que una de las peñas flamencas de Huelva tiene en su sede una guitarra permanentemente guardada. Sólo se saca cuando el Niño Miguel se pasa por ahí, y cuando él termina, vuelve a guardarse. Él va por las calles con su propia guitarra, completamente destartalada, a la que siempre le faltan dos o tres cuerdas, pero a la que aun así es capaz de extraerle un sonido increíble. El Niño Miguel es un genio, cuentan los que saben de flamenco y los que viven la experiencia de oírle en directo. Un genio maldito, titánico, que más parece un personaje de novela romántica que uno de tantos y tristes vagabundos de la urbe.

El Niño Miguel, ahora (YouTube)

5 Septiembre, 2008

La crónica de la derrota: Los girasoles ciegos

Categoría: Literatura, Crítica - artdyl @ 10:32 am

   El panorama literario actual es tan amplio como raquítico. Hay más lectores que nunca al mismo tiempo que disfrutamos de más ocio que nunca. Desde que entró con la transición española la sociedad de bienestar en la que estamos inmersos, el mercado editorial no ha hecho más que crecer con y para el amplio contingente de voraces (y veloces) lectores que demandan un tipo de lectura rápida y digerible. Los lectores de metro y de playa y piscina son mayoría, y con ellos, las estanterías de las librerías. O, mejor dicho, de las grandes superficies como el Corte Inglés y la FNAC.

   No es algo negativo para literatura. Ésta pervive junto a los best-sellers, en ocasiones en buena comunión (pensemos en Eduardo Mendoza, por poner un ejemplo). Los cambios que la propia realidad externa ha traído sobre la literatura y la novela, particularmente, son tan válidos como los que van de una época a otra. Terminó la novela social, también la novela experimental. Juan Goytisolo puede dedicarse al ensayo: Señas de identidad no es tan pertinente ahora como pudo serlo en una época que necesitaba y buscaba transformación. Ahora, divertir al público es esencial, y con estas premisas hemos asistido a una progresiva vuelta a la narratividad, al placer de contar una historia, al descubrimiento de unos personajes que nos interesan por lo que son y lo que hacen, y no por lo que reflejan, como con aquellos sufridos personajes colectivos de las novelas del realismo crítico (esa Colmena que todos tragamos en el instituto). Sin la transición y la nueva cultura del ocio, jamás hubieran venido novelas como El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina o Dos mujeres en Praga, de Juan José Millás. Ambas ejemplifican bien la tendencia de las últimas décadas: novelas de metro, de lectura amable, sin renunciar al cuidado del lector. La parte literaria vendrá dada por la mejor o peor administración de los recursos. La de Antonio Muñoz Molina es una gran novela, imprescindible, mientras que la de Juan José Millás es una obra insulsa y bastante sobrevalorada, beneficiada por un público medio, que no es inculto pero tampoco dotado de un criterio sobresaliente, incapaz de diferenciar entre ambos. Pero es ese público mayoritario la porción más jugosa para editores y escritores.

   Del mercado más marginal, mejor no hablar. Sobre la literatura más audaz y minoritaria predomina la basura más pretenciosa y ombliguista. Su tendencia natural es morir, ajenos a la industria del libro, salvo en el círculo de amigos y coleguillas que se dedican al autobombo.

   La calidad media del momento es esa: una calidad media que trata de ajustarse al tipo del lector moderno. Por arriba, como el caso mentado de Muñoz Molina, o por abajo, como en el caso de Juan José Millás. La pena es que hay mucha ficción puramente mercantilista, con valores literarios escasos o directamente nulos: lo más vendido ahora es Zafón, un artesano del best-seller, que además lo hace de maravilla, pero cuyas novelas aportan absolutamente cero al panorama literario. El caso contrario, el libro que se ajuste al juego del mercado y que verdaderamente aporte, sin pasar de ser una obra simplemente meritoria como las de la mayoría de grandes novelistas de ahora, nos arrastra una nómina tremendamente exigua de obras con mayúsculas.

   Alberto Méndez y su libro, Los girasoles ciegos, es una excepción fascinante. Méndez murió hace casi cuatro años, a la edad de 63. Su obra, su única obra, se publicó hace tres. Ganó el Premio Nacional de la Crítica, algunos más, y poco a poco, y tras un arranque casi clandestino, ha conseguido hacerse a través del boca a boca con un éxito extraordinario y continuas reediciones. A Alberto le hubiera gustado ver el éxito que le destinaba a su tardío, y único, retoño.

      Los girasoles ciegos es un libro que "va" de la Guerra Civil, como tantos otros. Al igual que tantos otros, ha pasado de la condena del franquismo que se plasmaba en las primeras novelas de esa temática durante los primeros años de la Guerra Civil hasta el puro registro, tan intimista como poco condescendiente, que se centra a explorar las repercusiones que el enfrentamiento fratricida y la larga posguerra depositaron en nuestras memorias tanto colectivas como individuales. Los girasoles ciegos es un libro duro. Son cuatro relatos, los cuatro marcados con el epígrafe de "derrotas". Primera derrota, Segunda derrota, Tercera Derrota y Cuarta derrota. Cada una de ellas es una historia de infamia y desolación en un país de cimientos revueltos. Un capitán nacional que, poco antes de la rendición de Madrid, se rendirá él mismo a los republicanos, preso del sinsentido de la guerra. Un joven que ha de huir con su mujer embarazada, hasta que ella muere en el parto, dejando al joven solo con su hijo recién nacido en una cueva perdida, donde la supervivencia ofrece su cara más dura.  Un soldado republicano capturado por las tropas fascistas que, para retrasar su ejecución, miente ante su juez, narrando la falsa heroicidad de uno de sus compañeros, hijo del que ha de dictarle sentencia. Y por último, la historia de un republicano escondido en su casa, que tiene que asistir impotente a los sucesivos intentos de seducción de su mujer por parte de un lujurioso diácono.

      El segundo de los relatos posee quizás las páginas más bellas y sobrecogedoras que se han escrito en los últimos tiempos. A modo de diario, que nos desnuda con crudeza la intimidad del protagonista, asistimos a su creciente desolación, a la tremenda carga que el supone el cuidado de un hijo sobre el que no deposita esperanzas de ningún tipo y ante el que no tiene medios para ofrecerle una mínima atención. Sin embargo, la verdadera catarsis nos la ofrece la prosa del autor, llena de sensibilidad, permitiéndonos descargar un caudal de emociones y sentimientos enconados como pocos libros han sido capaces de conseguir. 

   Pese a su apariencia de libro de relatos en parte aislados, con la temática del fin de la Guerra y de los derrotados como único punto de unión, en principio, impresión que se acentúa en cuanto se observa la diferente factura estilística con la que se discurre en cada una de las cuatro partes, Alberto Méndez ofrece su mayor rasgo de maestría cuando observamos que consigue una unidad perfecta, en la que cada parte es imprescindible para aprehender el todo. Una velada red de referencias relacionan las historias entre sí, de modo que cada una de ellas amplía y matiza al resto. Con la conocida técnica del contrapunto, la misma de Huxley o Dos Passos que popularizaran luego los hispanoamericanos del Boom , el libro se mueve a distintos niveles de significado, enriquecidos en su contraste sucesivo, y que el lector ha de ir tejiendo por su cuenta para extraerle al libro todo el jugo que atesora. 

   Al fin, lo que permanece es una de las historias más impresionantes que se han escrito jamás sobre el conflicto español (o cualquier conflicto). Pero, sobre todo, nos deja una historia tremendamente intimista, de un lirismo exacerbado, donde las historias individuales escriben una crónica sobre la dignidad del hombre, sobre la redención y sobre la desoladora carga de la miseria.

   Pero, sobre todo, un libro de una belleza apabullante.

   No tengo intenciones de ver la película: si es mala, contaminaría mis recuerdos del libro; aun si es buena, seguramente la tremenda calidad del libro deje, para el que se adentró en sus páginas, un poso de "quiero y no puedo" en el filme. 

 

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