Historia de una lectura interminable
Anoche comencé a releer La Historia Interminable de Michael Ende. Un libro que leí hace ya muchos años. Como quiera que el libro terminé regalándoselo a una amiga mía, no volví a releerlo en alguna de tantas tardes muertas, como con la mayoría de mis libros de infancia. No lo he vuelto a tener en mis manos hasta anoche, más de una década después.
Está siendo una experiencia muy agridulce. Pese a la distancia, estoy recordando mucho las sensaciones de mi primera lectura (ya en aquel entonces me encantó), lo cual es algo sencillamente mágico: recordar lo que se sentía de niño. Pero, desgraciadamente, no lo estoy sintiendo de nuevo, sólo lo estoy recordando. Estudiar literatura tiene un precio terrible: te olvidas de atender sólo a la historia, y enjuicias sobre la calidad del libro por más que tratas de evitarlo, a la vez que la lectura se realiza simultánea un ordenamiento abstracto del libro: ¿cuál es la estructura? ¿qué sentido tiene para la historia que suceda esto? ¿cómo está esto organizado para incidir sobre ciertas ideas? ¿qué recursos se emplean? No es algo malo, y es lo que entiendo ser un buen lector, pero desde luego que no es un lector infantil. El lector infantil que yo era se asombraba y vivía la aventura. Un ejemplo. Para llegar al Oráculo del Sur y hablar con Uyulala Atreyu tiene que pasar por tres puertas. Si se quiere traspasar la última, es necesario que no lo desee. Un juego mental, ¿eh? El lector que soy ahora prestó anoche más atención a este detalle, relacionando el fragmento con la idea abstracta del libro. Lo que sucede a continuación, la pérdida de la memoria tras el paso de la segunda puerta, lo leí como la clave que permite el paso de la última puerta así como alguna que otra digavación pseudofilosófica. Pero me acuerdo que de pequeño me preocupé realmente por Atreyu, al modo de Bastián en el propio libro. ¿Por qué no soy capaz de sentirlo del mismo modo ahora?
Hay un capítulo, sin embargo, que ya me pareció maravilloso cuando pequeño y que ahora, afortunadamente, no me ha defraudado. Es el de Perelín, la Selva Nocturna, que durante el día se transforma en Goab, el Desierto Multicolor, y del fantástico león Graógraman, la Muerte Multicolor. Me he sentido transportado. Lo que tan difícil me es una vez que perdí la inocencia. Qué viejo me siento.

Que bonito vovler a leer ese libro, creo que deberia hacerlo aunque tambien me da un poco de miedo…
Lo cierto es que, aunque el libro sea muchisimo mejor que la pelicula, lamentablemente no logro recordar demasiadas cosas de la H.I, y me dejo llevar por imagenes de la pelicula. Lo unico que se salva del olvido es lo del leon y el desierto multicolor. Creo recordar haber llorado en esa parte del libro pero hace taaanto de aquello que no me acuerdo de nada concreto. Solo se que me gusto y que me dio mucha pena que el título del libro mintiera.
PD: Muchas gracias por comentar, me alegra que te haya gustado. Efectivamente, haber usado ese tipo de frases hechas esta justificado por el personaje que cuenta la historia, una señora de pueblo con bajo nivel cultural. Un saludo
por ana_arandanos — 28 February, 2007 @ 5:14 pm
ieepa yo también me siento viejo
slts
por Fullmoonthe — 28 March, 2007 @ 1:04 pm