Drutz

23 Junio, 2007

Mafalda

Categoría: Curiosidades - artdyl @ 8:00 am

En 1964, Quino, el genial humorista argentino, creó Mafalda. Se trata de una tira cómica que fue publican… en fin, no creo que sea necesario hablar de Mafalda. Todos la conocemos, todos nos hemos enamorado del incisivo humor que destilan sus páginas.

Lo bueno de Mafalda es lo bien delimitado que están todos y cada uno de sus personajes, un rasgo de la enorme pericia de Quino a la hora de plasmarlos en papel. Todos tienen algo con lo que nos identificamos. Personalmente, me siento muy afín a Felipe y su interminable angustia interior (¿qué hago que escribo en el blog en vez de estudiar?), o a Mafalda y su pesimismo ante la marcha del mundo, o a la bendita inocencia con la que cada uno de ellos se enfrentan a un mundo absurdo.

Sin embargo, mi personaje favorito es Miguelito. Todo un filósofo, y un gran personaje. Aunque muy inocente y bientencionado, es el que más suele dejar patente lo absurdo del mundo que los rodea. Sus comentarios, en principio inocuos, poseen bastante más profundidad de la que parece. Miguelito es un solipsista. Él es lo que da medida al mundo. Hay una tira en la que están tranquilamente sentados Mafalda y Miguelito. "Decime, Mafalda. ¿Antes de nacer nosotros existía realmente el mundo?", le pregunta a su amiga. "¡Mirá que sos tonto, Miguelito! ¡Claro que existía!", le responde ella inmediatamente, asombrada por la tontería que le acaba de preguntar. La contrarréplica de Miguelito, más meditada, es apabullante: "¿Y para qué?" Es verdad, ¿qué sentido tiene la vida para nosotros si no estamos en ella?

En otras ocasiones, Miguelito parece que sin leerlo jamás, interpreta como nadie la filosofía vital nietzcheniana:

En el clavo. El arrepentimiento por la mala conciencia… ¿para qué? 

Un chico que tiene la medida y la visión perfectamente plegadas a sí mismo. En otra tira, Mafalda observa un cartel donde se prohíbe pisar el césped. "¡Qué manía! ¡Lo único que saben hacer es prohibir!" exclama indignada, mientras su amigo se acerca. "Decime, Miguelito ¿A vos no te indigna este cartel?". La respuesta de Miguelito es flemática y, de nuevo, contundente. "No, ¿qué me importa? Yo tengo mi propio pastito interior". Qué gran tipo Miguelito. 

16 Junio, 2007

Déficit de atención

Categoría: Estupidez humana - artdyl @ 5:10 pm

Lo confieso: soy un lector crónico de los periódicos digitales, de casi todas sus secciones. Gracias a ello de cuando en cuando tengo la ocasión de darme de bruces con alguna que otra noticia absurda, como el teletubbie maricón investigado por el gobierno polaco (por cierto, que me parece que es el más útil de todos gracias a ese abridor de botellines que tiene por cabeza). No es lo único.

Por puro afán antropológico, he seguido el indignante caso de las tropelías que se vienen cometiendo contra Paris Hilton. La pobre, además de ser obligada a aguantar estoicamente las burlas de algunas desalmadas ante su inminente ingreso en prisión, lo cual hizo con un par de ovarios bien puestos, no ve terminar su injusto suplicio. Con gran consternación por mi parte, he podido ver como la carcel ha destrozado a la virginal criatura, pues según fuentes cercanas al centro penitenciario, Paris Hilton ha necesitado de atención médica al sufrir una fuerte claustrofobia y un trastorno por déficit de atención. ¡Criaturita! Lo primero es algo trágico, pues le han obligado a ir nada menos que a la cárcel, donde incluso yo sufriría de claustrofobia, y no puedo hacer nada por ella. Pero para lo segundo, vaya esta entrada del blog con mis mejores deseos. Que te recuperes pronto, mi diosa.

15 Junio, 2007

Cuando la literatura es ideología

Categoría: Literatura, Estupidez humana - artdyl @ 4:08 pm

Soy un cliente habitual de casadellibro.com. Aunque como todo lector romanticoide disfruto de la visita a las librerías, perdiéndome entre las estanterías, hojeando hasta encontrar algo que me interese y gastar, de nuevo, mis euritos en otro libro más que adorne mi habitación, gran cantidad de veces busco un libro en concreto que no está el las librerías que tengo cerca. Pedirlo por internet, y pese al costo de los gastos de envío, además de más cómodo, se me ha descubierto más rápido en la mayoría de las veces que dejar encargado el libro.

 La página tiene además, algo interesante: la posibilidad de que los lectores inserten sus comentarios para recomendar (o no) un libro en concreto. He podido contemplar análisis bastante justos, de gente que se nota que entienden de lo que hablan. Pero hay otras ocasiones en los que el resultado es algo triste e hilarante a la vez. Es el caso de la entrada correspondiente a El espejismo de Dios, la versión española de The God Delusion de Richard Dawkins. Como corresponde a un libro tan polémico como este, el ideario divulgativo de un autor ateo hasta decir basta (para muchos un crimen mayor que ser un religioso cuya mayor afición sea alcanzar el paraíso inmolándose con una bomba y arrastrando el mayor número posible de personas consigo), el libro suscita bastantes controversias.

Los comentarios que los lectores han escrito en su entrada correspondiente son bastante clarividentes: en el momento en que entre en juego la ideología, toda valoración objetiva se pierde. Contempladlo vosotros mismos.

14 Junio, 2007

La cultura catalana

Categoría: Literatura, Sociedad, Estupidez humana, Filología, Historia - artdyl @ 1:08 pm

El conflicto nacionalista en Cataluña es algo que me entristece sobremanera. El nacionalismo catalán, en sus líneas, es algo que me parece alentado por el mayor de los egoísmos. Y paradójicamente, esta visión que puede considerarse negativa nace del amor que tengo por la cultura catalana. Aunque nací en Cáceres, viví mis cinco primeros añitos de vida en Gavá, junto a Barcelona, antes de mudarme a Cádiz. Si no basta para tener mis sentimientos catalanistas, los autores catalanes han sido, además, una parte importante dentro de mi formación, desde el divertido Santiago Rusiñol, hasta Quim Monzó, pasando por Jaime Gil de Biedma o los Goytisolo (sobre todo Juan y José Agustín, mientras estoy en camino de leer más atentamente a Luis). Especialmente en la segunda mitad del siglo XX y hasta ahora, la literatura catalana es de una calidad encomiable. Siendo español, amo Cataluña, su cultura, y el pan tumaca (aunque sobre todo en la variante andaluza, con los riquísimos molletes de Antequera).

Cuando los nacionalistas catalanes, cuya actual prosperidad fue favorecida por el desarrollo que el Régimen alentó en Cataluña como contraprestación por la opresión cultural sufrida, atacan a España y manifiestan firmente su voluntad de desmarcarse de lo español, siento que egoísticamente me están robando algo. Política y económicamente, pues Extremadura (mi tierra natal) sufrió la diferente administración de los recursos industriales del Régimen, dando como injusto resultado una atonomía más pobre y otra más rica. Pero sobre todo culturalmente: a fin de cuentas, la cultura catalana es parte de mi cultura y mi bagage particular, el de un español contento y orgulloso de serlo. Y hablando de egoísmos y robos, aún podría hablarse del Estatut y los Països Catalans…

 En fin, el nacionalismo catalán quiere robarme todo lo que la cultura catalana me ha dado, diciendo que es algo que no tiene nada que ver con España. Por todo esto, nunca estaré de acuerdo con la política del Institut Ramon Llull. Estos días se celebra la Feria del Libro de Franckfort, donde la invitada de honor es la cultura catalana. La polémica está servida, debido al conflicto entre escritores en lengua catalana y los que habitualmente lo hacen en castellano, con los que la política del Institut (exclusiva con le lengua) ha motivado que se borren de la lista de invitados. Gracias a ello, la representación estará mutilada. Ya no sólo tratan de dañar al resto de España, sino que además se tiran piedras a sí mismos por demostrar que son algo aparte.

Todos estos problemas derivan del intento de mostrar la absoluta separación entre dos entidades que, mal que les pese, están demasiado íntimamente interrelacionados: Cataluña y España. Es imposible hacer una separación sin desmembrarlos a ambos. La cultura española siempre ha bebido de la cultura catalana, y viceversa, salvo los habituales flipados de turno al estilo J.V. Foix, cuyos manifiestos literarios (y salvando su propia producción literaria) es un crimen que se enseñe en las escuelas teniendo en cuenta de que es el paradigma de cómo la ideología política contamina fatalmente la valoración literaria. 

Es lamentable. Los que siguen la órbita del Institut Ramon Llull, además de discriminar lo que no comulga con su catalanismo excluyente, realizan la sistemática apropiación de lo que no les pertenece, en la línea de los Països Catalans. Algo a lo que el nacionalismo catalán está acostumbrado. El autor que les da nombre, Ramon Llull, escribe en catalán, pero no era catalán, ni pertenece a la cultura catalana. Ramon Llull, el primer grande de la literatura en catalán, cuya lectura recomiendo al que esté dispuesto a sortear la dificultad de los más de siete siglos que lo alejan de la mentalidad moderna, era mallorquín y sirvió a Jaime I (de Aragón) y a Jaime II (de Mallorca), además de moverse también por París, el Norte de África o Pisa. No estuvo demasiado tiempo en los lugares donde campea el nacionalismo catalán. En las Baleares, para más inri, los partidos que apoyan la constitución de los Països Catalanes no llegan al uno por ciento de los sufragios. Así que los mallorquines, que se juzgan a sí mismos españoles (a pesar de todos los alemanes) tienen más derecho sobre Ramon Llull que esa panda de rateros. Encima, los otros dos grandes autores que dieron entidad a la lengua catalana tampoco les pertenecen: Ausiàs March era valenciano, de Gandía, es decir, español, y Jeanot Martorell (el del Tirant Lo Blanc) también era de Gandía, luego establecido en Valencia. Otro español de pura cepa. Porque el catalán también pertenece al acerbo cultural español en la misma manera que el castellano le pertenece a Cataluña (y con él, autores tan grandes como los que han dejado fuera de la lista en la Feria de Franckfurt). No es lo mismo literatura en catalán (lengua) que la literatura o cultura catalana (de Cataluña).

Es triste, pero me veo obligado a archivar esto en la categoría de "Estupidez Humana".

13 Junio, 2007

“La pobreza es bella”

Categoría: Religión, Sociedad, Estupidez humana - artdyl @ 11:07 pm

El camino de la santificación de Teresa de Calcuta está abierto. Un proceso que plantea dudas, pero que no me interesa demasiado. A fin de cuentas, la beatificación que tuvo lugar y la previsible santificación es el resultado de una reivindicación popular. Subirá a los altares junto con otra tanda de Santos cuya personalidad es de interés cero para el que no acepta la mortificación del cuerpo, el insensato martirio o demás "maravillas" de la fe católica.

Es de interés, sin embargo, analizar qué hizo la futura Santa Teresa de Calcuta para ganarse ese fervor popular. Toda la vida de Teresa, eso no cabe duda, se montó en torno a la caridad y el cuidado de los pobres. Algo, en principio, loable. Pero sólo en principio. En zonas desfavorecidas de África, latinoamérica o el continente asiático han sido legión los misioneros que han sacrificado su vida por mejorar las condiciones de vida de los nativos del tercer mundo. ¿Qué ha sucedido para que ellos sean sistemáticamente olvidados, mientras que Teresa de Calcuta disfrutó de una alucinante representación de personalidades políticas en su entierro? Quizás, en el hecho de que todos sacrificaron su vida, pero la monjita tiene una particularidad: que ella no utilizó ese sacrificio para cambiar (a bien) el entorno que le rodeaba.

 Por la red existen varias páginas que "descubren" las maldades de las Misioneras de la Caridad. Casas de atención al enfermo desprovistas de las más elementales normas de higiene, transformadas en hospitales para enseñar a bien morir, movimientos del dinero donado para su empleo en la lucha contra la pobreza que se desplaza a cuentas vaticanas, degradación personal de las nuevas novicias en las Misioneras de la Caridad… no voy a detener mi atención aquí. Una búsqueda por internet sencilla (os ahorraré los enlaces), descubre que los que alientan estas tesis sin, en su mayor parte, amantes de los OVNIS, los chupacabras y las ultrasecretas conspiraciones judeo-masónica-gubernamentales, si bien del otro lado hay teóricos algo mejor preparados, como el productor Christopher Hitchens, quien realizó el documental Hell’s Angel, en el que se desmonta sistemáticamente a la beata.

 No es por eso por lo que detesto a esta mujer. Es por el mensaje implícito que nos legó con su propia vida. Todo humano, a fin de cuentas, se guía por una ideología mejor o peor ordenada, a la cual plega sus actos. La de Santa Teresa podría resumirse en su conocida frase "la pobreza es bella", frase que, además de ser inmoral, en ella está provista de una gran hipocresía. Ciertamente, pese a la "belleza" de lo pobre, Teresa de Calcuta había admirado a bastante gente que de pobre no tenía ni un pelo. Recordemos a Duvalier, en Haití, o el caso más famoso de todos, el de su admirada princesa Lady Di (la admiración era mutua). Sobre el divorcio de esta última con Carlos de Inglaterra, la beata dijo que "está bien que termine, ninguno era feliz", frase criminal en tanto que meses antes se había desplazado personalmente a Irlanda, el único país donde permanecía la interdicción del divorcio y que celebraba un referéndum. Con unas palabras realmente duras, que no correspondían a la tierna monjita que parecía, criticó duramente a quien votara a favor del divorcio, pero las mayores críticas se las llevaron las mujeres favorables al sí. Básicamente, dijo que no había perdón posible para ellas, incluso aunque lo hicieran por maltrato sistemático del marido. A fin de cuentas, como ella decía "el sufrimiento y la enfermedad son regalos de Dios". ¿Os suenan este tipo de comportamientos? En mi país se llama hipocresía, e interesada además.

 Pero fuera de hipocresías, lo grave es que Teresa de Calcuta se movió en base a una moral realmente discutible. Se basa en la aceptación serena de la pobreza, en saber "portarla con dignidad", y sacar fuerzas de flaqueza para, aupados por la adversidad, recibir más intensamente a Jesús en nuestro seno. Podría sonar bonito, pero la idea de fondo es el inmovilismo más absoluto. Los problemas crónicos de pobreza que sufre el mundo es algo que necesita de acciones, y un enfermo necesita su vacuna y no un paño húmedo en la frente y la compañía hasta que llegue la hora de "morir bien", sin ningún esfuerzo por cambiar ese final irreversible. La misma gente que ha sacrificado su vida como Teresa de Calcuta, pero intentando cambiar lo que le reodeaba y que no acudieron a los mejores hospitales cuando caían enfermos (como Teresa, paradójicamente, sí hizo), no tuvieron un reconocimiento que merecían más. Si el mensaje de la beata Teresa caló tan hondo, fue por lo mucho que agradó a las grandes autoridades, las mismas que realmente coparon su entierro, el de la "monjita de los pobres". Si el tercer mundo acepta con serenidad su condición, los del primero pueden llenarse las manos con más facilidad.

Teresa de Calcuta es, en fin, una punta de lanza de la extraordinaria perversión que el catolicismo ha hecho del evangelio. Aupada en el mensaje de la pobreza de Jesús, pero firmemente sujeta en el ideario de la mortificación que en realidad era tan extraño al evangelio original y que sólo tiene su sentido dentro del catolicismo, olvidó uno de los mensajes más importantes: y es que al pobre no se le da un pescado: se le enseña a pescar.

 Y si hay quien piense que el hecho de sacrificar su vida ya salva a la mujercita, yo no soy de la misma opinión. Ella poseía una ferviente fe en la salvación de su alma y en la infinita bondad de sus acciones: su sacrificio no fue más que un acto de narcisismo, el convencimiento de que merece más que nadie recibir a Jesús en su seno por todo lo bueno que se hace. No creo que fuera caridad, sino egoísmo. Poder sentir que "soy muy buena". El torcido mensaje que legó, sus frecuentes vuelos en primera clase camino de los mejores hospitales, el cultivo de las altas personalidades, la mano de hierro con la que administró las Misioneras de la Caridad, muestran una mujer que, en última instancia, se movía por su propia satisfacción.

El mundo occidental recuerda con ternura a la monjita. Me consta que en Calcuta pasan tres pueblos de ella. 

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