Drutz

18 Septiembre, 2007

Tres+una recomendaciones

Categoría: Cine / Tv - artdyl @ 2:10 pm

   Caballero (señorita), ¿es usted uno de tantos que, después de una ardua jornada de trabajo (o vagueza, o diletantismo) aprovechan las bondades de la red para descargarse una serie en lugar de leerse un buen libro? Si es así, felicidades, es usted un seguidor de la cultura ya masticada y digerida. Como a mí me sucede, el ocio domina su vida.

   Pero ya que optamos por el camino fácil, no quisiera dejar de lado algunas recomendaciones más o menos encaminadas. ¿Pues sabe usted ya cuales series quiere que copen su ancho de banda mientras se van descargando, en versión pirata, por supuesto? Permítame meter mano en esta ardua decisión, pues hay multitud de opciones, así que quiero recomendarle algunas de las series que poca gente ve. Olvídese de Prison Break, Heroes o Lost, y prepárese para, si lo juzga oportuno, ver alguna serie que no pueda comentar a la hora del cruasán con su compañero de turno. ¿Le gustó la cháchara del Dr. House? Me parece fantástico: usaré la misantropía como hilo para unir mis recomendaciones, que serán tres. Una serie actual, otra reciente, y otra antigua. En otra ocasión le recomendaré otras con otro criterio. Puede que incluso algún día le recomiende mis favoritas.

Actual: Californication. Aquí debería recomendar Studio 60: On the Sunset Strip, protagonizada por el ex-Friend Matthew Perry en un excelente papel. Pero, como es habitual, la calidad fue castigada por la audiencia y la serie se canceló definitivamente hace un par de meses. Así que optaremos por la creación de los que copiaron el título del disco de los Calientes Pimientos Rojos Picantes. Aquí, los productores decidieron que David Duchovny daba el pego para dejar de buscar el bulo ahí fuera y centrarse en el papel de Hank, un escritor en crisis creativa, tan cínico como con voluntad suficiente para odiar a todo el que le rodee salvo, como es natural, el bello sexo, casi siempre objeto. Decididamente, hay series mejores, y muchísimas series peores, pero Californication se deja ver, el guión se basa en los diálogos, lo que siempre se agradece, y el argumento está bien montado. ¿No le convence, caballero? Se ven tetas, muchas tetas, cantidad de tetas, e incluso una monja ofrece sexo oral a Duchovny en la Iglesia. Vale, todo esto es secundario, pero apuesto que la mayoría ya empezáis a correr para buscarla y descargárosla. Va por su primera temporada y, por el momento, cinco capítulos. 

Reciente: Black Books. En internet hay demasiados geeks: The IT Crowd se está convirtiendo (con justicia) en una de las grandes sensaciones. Pero lo que pocos saben es que no es la primera serie de humor que los ingleses saben hacer admirablemente. Antes del departamento de IT, los británicos crearon la librería de Bernard Black. ¿Y quién es  Bernard?  Un encantador hijo-de-la-gran-puta, un odioso misántropo con todas sus letras, cuya única preocupación será algún libro, un cigarrillo y un vaso de vino, nunca un ser humano, sin más vida social más allá de la librería de viejo que regenta. A fin de cuentas, lo que haya más allá, ¿qué le importa? Sucio, borracho, maloliente y malhablado, Bernard es posiblemente el personaje con el que más se cariñosamente puede uno identificarse. ¿Quién  de entre nosotros no ha odiado a la humanidad? Black Books es una sitcom de apenas 25 minutos, tan desternillante como puede llegar a serlo The IT Crowd. Son tres temporadas de seis capítulos, lo que hace posible verlas del tirón en la que serán unas de las veladas jamás mejor aprovechadas.

Antigua: Yo Claudio. De acuerdo, si antes hablé de Hank y Bernard, Yo Claudio, la serie basada en las novelas homónimas de Robert Graves, no cuenta realmente con ningún personaje misántropo, propiamente dicho, entre sus filas. Pero es aún mejor: le convertirá a usted mismo en un misántropo. A otro camino no puede conducir la descarnada presentación de la enferma sociedad romana que se muestra, con el cojo, tartamudo e imbécil Claudio como hilo conductor. Y de paso, usted puede aprovechar y ver una serie verdaderamente de categoría. Merece la pena, créame. Por cierto, es otra serie británica. ¿Coincidencia? Tal vez, también en la televisión británica disfrutaron del fantástico Flying Circus orquestado por los Monty Phyton.

   En cualquier caso, le aviso de que siempre es mejor un buen libro que una buena serie. Si yo veo series (lo que me permite, incauto lector, hablarle desde el conocimiento), no me lo tenga mucho en cuenta: los curas llevan tiempo insistiendo en que lo importante es lo que dicen y no lo que hacen, y mal no les va. Y, por supuesto, ya que el tema del día es la bendita misantropía, me alegrará, entre tantos libros (hay algún iluminado que sospecha que, salve Dios, hay incluso más libros que series) recomendarle Los Cantos de Maldoror, del Conde de Lautrèamont. Y quiero recomendárselo especialmente a los góticos, tan simpáticos que son leyendo a Nietzsche, Baudelaire y Lovecraft (siempre los mismos, ¿tienen un libro de ideario, al modo de un libro de estilo?), y tan profundos. Aunque alguno rice el rizo y sea todavía capaz de adentrarse en el aún más épico y trascendental mundo de Anne Rice, sobrando todo lo demás.

17 Septiembre, 2007

La claudicación del demandante

Categoría: Sociedad, Personal - artdyl @ 10:49 pm

Como sucede con muchas personas, condición humana, varios son los frentes desde los que mi autoestima es atacada, especialmente dentro de lo que me tiene placenteramente acomodado. Buen parásito familiar ("hijo de papá", prefiero definirme) y buen consumidor, se me hace difícil congeniar pensamiento y actitud vital con mi realidad personal. Al menos, en estos campos. Tampoco es un problema tan grande para la autoestima: uno tiende a olvidar con demasiada facilidad que la vida siempre te enfrenta a paradojas y contradicciones de este calibre.

 Pero hay veces que la realidad te pega una bofetada de la que tardas al menos -como mínimo, y quizás eso es lo triste- unas horas en recuperarte. Mal asunto combinar la (expectante, ilusionada, anhelante) espera del flamante Nokia N70 que adquiriré a resultas de la portabilidad a Vodafone con la lectura de Non Olet. El autor de Non Olet, Rafael Sánchez Ferlosio, como siempre, demuestra que si no lo es, al menos presenta una candidatura muy sólida al puesto de "mejor mente viva en España". Pero esta vez me hace imbécil. Razonando con el libro, descubro que si me creía un consumidor, un maldito consumidor, pero aceptado interiormente, en realidad no soy un verdadero consumidor (definición que, proveniente del verbo, implicaría un sentido activo). Qué va. Un panoli, quizás. Más todavía.

Volvamos al Nokia N70 paso por paso, analizando mi compra. ¿Por qué cambiarme de móvil? Consumismo. Hay ofertas por portabilidad, y es una ocasión de hacerme con un móvil mejor. Vale, cambio de móvil, ¿pero por qué al Nokia N70? La explicación obvia es que con la portabilidad me resulta una opción barata (a fin de cuentas, tampoco es un móvil última tecnología, y la serie N de Nokia ya ha  sacado más y mejores productos). Pero de nuevo, ante todo el abanico desplegado, ¿por qué ese móvil en concreto?

 Fácil: escogí el Nokia N70 porque posee el SO Symbian. Quiero poder trastear con el móvil e instalarle aplicaciones, personalizarlo al máximo. Dentro de lo que me resultaría barato, en Vodafone era la única opción. ¿Decisión acertada? Aún no lo sé. ¿Me arrepentiré? No, tendré la conciencia tranquila: lo he meditado, y creo que era mi mejor opción. A fin de cuentas, creo que Symbian me va a venir muy bien.

Gracias a Symbian, el pequeño Pepito Grillo que me dejaba a las claras mi consumismo se acalló un poco. A fin de cuentas, consumo lo que quiero, según mis criterios. Si vivimos en una sociedad de consumo, justo es aceptarlo (sumergirnos en el fatum humano, maldito romántico), pero ser consecuente y aprender a escoger. Pero he aquí que Ferlosio resucita este incómodo y martilleante Pepito Grillo. Cuando creía consumir, descubro que he sido consumido. La raíz del problema viene de discernir de si soy un agente, o por el contrario soy un sujeto pasivo. Creía, tonto de mí, que imponiendo Symbian como punta de lanza, creaba mi demanda. Pero no: el consumidor, pobre panoli, pobre marioneta, no crea la demanda.

Alguien decidió que había que explorar un nuevo territorio y aumentar la demanda. Alguien me puso Symbian ahí, como una golosina, como la zanahoria del burro. Y sin pensarlo mucho, tonto de mi, me creé una nueva necesidad. Porque alguien me lo puso ahí.

Tonto, pobre hilado, no decidiste: te hicieron decidir. Engullido por la creciente sociedad de demanda. 

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