Drutz

17 Septiembre, 2007

La claudicación del demandante

Categoría: Sociedad, Personal - artdyl @ 10:49 pm

Como sucede con muchas personas, condición humana, varios son los frentes desde los que mi autoestima es atacada, especialmente dentro de lo que me tiene placenteramente acomodado. Buen parásito familiar ("hijo de papá", prefiero definirme) y buen consumidor, se me hace difícil congeniar pensamiento y actitud vital con mi realidad personal. Al menos, en estos campos. Tampoco es un problema tan grande para la autoestima: uno tiende a olvidar con demasiada facilidad que la vida siempre te enfrenta a paradojas y contradicciones de este calibre.

 Pero hay veces que la realidad te pega una bofetada de la que tardas al menos -como mínimo, y quizás eso es lo triste- unas horas en recuperarte. Mal asunto combinar la (expectante, ilusionada, anhelante) espera del flamante Nokia N70 que adquiriré a resultas de la portabilidad a Vodafone con la lectura de Non Olet. El autor de Non Olet, Rafael Sánchez Ferlosio, como siempre, demuestra que si no lo es, al menos presenta una candidatura muy sólida al puesto de "mejor mente viva en España". Pero esta vez me hace imbécil. Razonando con el libro, descubro que si me creía un consumidor, un maldito consumidor, pero aceptado interiormente, en realidad no soy un verdadero consumidor (definición que, proveniente del verbo, implicaría un sentido activo). Qué va. Un panoli, quizás. Más todavía.

Volvamos al Nokia N70 paso por paso, analizando mi compra. ¿Por qué cambiarme de móvil? Consumismo. Hay ofertas por portabilidad, y es una ocasión de hacerme con un móvil mejor. Vale, cambio de móvil, ¿pero por qué al Nokia N70? La explicación obvia es que con la portabilidad me resulta una opción barata (a fin de cuentas, tampoco es un móvil última tecnología, y la serie N de Nokia ya ha  sacado más y mejores productos). Pero de nuevo, ante todo el abanico desplegado, ¿por qué ese móvil en concreto?

 Fácil: escogí el Nokia N70 porque posee el SO Symbian. Quiero poder trastear con el móvil e instalarle aplicaciones, personalizarlo al máximo. Dentro de lo que me resultaría barato, en Vodafone era la única opción. ¿Decisión acertada? Aún no lo sé. ¿Me arrepentiré? No, tendré la conciencia tranquila: lo he meditado, y creo que era mi mejor opción. A fin de cuentas, creo que Symbian me va a venir muy bien.

Gracias a Symbian, el pequeño Pepito Grillo que me dejaba a las claras mi consumismo se acalló un poco. A fin de cuentas, consumo lo que quiero, según mis criterios. Si vivimos en una sociedad de consumo, justo es aceptarlo (sumergirnos en el fatum humano, maldito romántico), pero ser consecuente y aprender a escoger. Pero he aquí que Ferlosio resucita este incómodo y martilleante Pepito Grillo. Cuando creía consumir, descubro que he sido consumido. La raíz del problema viene de discernir de si soy un agente, o por el contrario soy un sujeto pasivo. Creía, tonto de mí, que imponiendo Symbian como punta de lanza, creaba mi demanda. Pero no: el consumidor, pobre panoli, pobre marioneta, no crea la demanda.

Alguien decidió que había que explorar un nuevo territorio y aumentar la demanda. Alguien me puso Symbian ahí, como una golosina, como la zanahoria del burro. Y sin pensarlo mucho, tonto de mi, me creé una nueva necesidad. Porque alguien me lo puso ahí.

Tonto, pobre hilado, no decidiste: te hicieron decidir. Engullido por la creciente sociedad de demanda. 

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