Drutz

9 Noviembre, 2007

De políticos y demás carroña

Categoría: Sociedad, Estupidez humana - artdyl @ 11:38 am

   Cuando hablo con amigos míos "de derechas" (no me meteré en disquisiciones absurdas sobre la realidad de la "izquierda" y la "derecha") estos me acusan de socialista como si fuera un crimen terrible (caso más gracioso en tanto que no soy socialista), al tiempo que tratan de explicarme por qué el socialismo ya no es un modelo válido. Cuando "no atiendo" a sus razones, en ocasiones veo muertos. Perdón, quería decir que en ocasiones me acusan de pipiolo, y entonces ya sí que me entran ganas de cerrar definitivamente los oídos. Y es que es un poco cansino que cuando discutimos de política, los seguidores del PP se dediquen a acusarme de socialista mostrándome cuán criminal (suspiro) es. Pero lo entiendo: es imposible justificar al PP. Así que en el fondo lo que tratan es de convencerme de que debo detestar más al PSOE que al PP. Y es que esa es la triste realidad: me temo que en el mundo de la política, si existe algo no detestable, no se deja ver.

   Pero no tienen razón. El PP es, dentro de lo más detestable, el sumum de lo detestable, la carroña de la miseria moral humana. Corramos un tipido velo sobre los ultraderechistas que, por otra parte, vienen incluidos en el paquete, y tampoco es que sean mucho peores que los ultraizquierdistas. A fin de cuentas, no voy a juzgar ahora las ideologías. Sólo, permitidme el término, el carroñismo.

   De moda está el asunto de los conspiranoicos y la comisión de investigación del 11-M. Todo lo que rodea a los atentados de Madrid ha sufrido una impresionante utilización despreciativa de una tragedia, dejando entrar los intereses personales (o grupales) (o mejor dicho, partidistas) de una manera desmesurada. Pero como toda perdiz mareada, la amplitud del fenómeno hace que los árboles no dejen de ver claro todo el bosque (hay multitud de agujeros negros, de negras cartulinas gigantes que cualquiera con dos dedos de frente y sin intereses personales las reconocemos, agujeros artificiales, colocados por los cínicos y los vendidos de turno, pero que aún mucha gente está convencida de que son vedaderos agujeros negros y no cartulinas).

   Quizás, el caso del Yak-42, el tristemente célebre avión estrellado en Turquía, muestre con mucha más claridad la dimensión moral de los dirigentes que gestionan nuestros asuntos, especialmente los peperos. Sucedió que el reconocimiento de los cadáveres se realizó con una prisa tremenda. En sólo 24 horas estaba despachado, y algunas muestras de ADN que iban a aportar los familiares se desecharon, pues los que llevaban el asunto juzgaron que no era necesario (el general de Sanidad, Vicente Navarro, al servicio del entonces ministro de Defensa, Trillo).

   El proceso, poco limpio, y con ciertos agujeros negros (permitidme la ironía) motivó que la viuda de una de las víctimas, Rosario Benítez, escribiera una carta dudando de los métodos empleados para la turboidentificación y poniendo en cuestión la competencia del equipo médico desplegado para tal fin. Detengámonos un momento y analicemos el panorama desde una cierta perspectiva ética: ¿qué es lo correcto si eres un político, y recibes tal acusación? En mi opinión, lo justo sería tratar personalmente con la viuda (¡una viuda que recién ha perdido a su marido y, por tanto, pasa unos momentos críticos!), buscar cierto consuelo y entendimiento. Así se compagina lo que entiendo por actitud correcta, sin entrar en conflicto con el propio interés personal, minimizando el ataque gracias a una explicación más clara y concisa, aportando más pruebas, de que la viuda no lleva la razón.

   Pero, ¿y si la viuda lleva la razón y el destinatario lo sabe? Es una situación complicada. Lo mínimo, que tampoco es correcto, sería callar como un bellaco. Pero eso choca con el interés personal, así que el político carroñero, el inmoral, decide atacar a su vez a la viuda. Que no lo olvidemos, es víctima. Fue lo que sucedió, tal y como podéis ver en un artículo de aquel momento.

   Contándolo de una manera breve, Defensa, por mediación de su secretario general de política, Javier Jiménez Ugarte, contestó a Rosario de una manera ofensiva, siguiendo la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque. La viuda era una mala persona a juicio del señor Jiménez Ugarte pues, como el decía, había dejado en muy mala imagen al equipo médico, lo que no era procedente, pero, sobre todo, se le criticaba el que con su actitud hubiera "llevado a otros familiares de las víctimas mayor preocupación y dolor". Parece ser que para el señor Jiménez Ugarte, y por extensión, el ministerio de Defensa de aquel entonces, Rosario Benítez no era más que una pendeja para quién "sería más solidario por su parte no escribir cartas como ésta que sólo sirven para hacer sufrir más a todos sus compañeros y compañeras", de nuevo en palabras de Jiménez Ugarte.

   El tema suscitó controversia y, como siempre, el PP utilizó las reivindicaciones de las víctimas para hacerse a sí misma la víctima. Trillo no tardó en decir, sobre el asunto, que era "muy lamentable que se esté utilizando ese tema en momento de campaña electoral. Es un tema muy doloroso para todo el Ministerio de Defensa". Argumentación ad escurririrum ab bultum, que sospecho. Para dar una idea del alcance de los seguidores de esta gente, los energúmenos de Libertad Digital dan, como siempre, una buena medida de cómo era la mentalidad del derechón en aquel momento (en otra ocasión tendré que hablar cómo se les llena a esta gente la baba con palabras como "libertad", "democracia" o "derechos"). La situación, en esencia, derivó hasta una situación muy parecida a la que ha estado ocurriendo con el 11-M, con unos y otros atacándose y acusándose de manipular los temas con fines electoralistas. Y, como ahora, el asunto tuvo que vivir la intervención del juez, poniendo orden en el asunto. Con la única diferencia de que ahora no hay resquicios ante la duda. Más que nada porque el panorama congela la sangre.

   Y es que, señores y señoras, 21 de los cadáveres repatriados tuvieron que ser exhumados en Noviembre de 2004 para ser cambiados de sitio y enterrados de nuevo en su cementerio correspondiente. Otros 9 no pudieron tener reparación: fueron incinerados sufriendo, como los anteriores, una identificación errónea. No puedo imaginarme lo doloridos, furiosos, estafados y engañados que debieron sentirse todos los familiares. Demasiada aglomeración de sentimientos, sospecho.

    Me gustaría pensar que para entonces escribieron a Rosario Benítez pidiendo perdón, pero intuyo que no lo hicieron, y tampoco lo harán.

    Hoy ha salido la noticia de que Vicente Navarro, el general de Sanidad de entonces, junto con otros dos, ha sido formalmente acusado de falsedad ante la Justicia. Yo desearía pegarle un puñetazo en la cara a los tres. Pero sobre todo a Jiménez Ugarte. Y a Trillo.

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