Drutz

20 Noviembre, 2007

Blankets

Categoría: Crítica, Comics - artdyl @ 10:41 am

   Tradicionalmente el comic ha sido considerado, dentro de las categorías del arte, un género menor. Disfruta especialmente con la consideración de underground, que suena más chic. En realidad, en casi un noventa por ciento de los casos, ni siquiera merece la consideración de arte menor. Y si hablamos del manga, con esas obritas que tanto apasionan los ridículos otakus neogóticos quinceañeros de veintipocos años, supongo que en la consideración de arte apenas llegarán al uno o dos por ciento. Aunque hay excepciones, claro (pienso, por ejemplo, en Jiro Taniguchi, grandísimo autor al que me imagino que habrán leído uno o dos de los mil y pico que van a los salones del manga) (compárese la escueta wikipédica y atrás enlazada entrada de Jiro con la correspondiente a un manga bajuno-comercial al estilo de Naruto, donde cada personaje y chorrada goza de su correspondiente enlace azulito, es decir creado).

   Claro que el buen cómic, por norma general, se encuentra en Europa y, de cuando en cuando, en Norteamérica, especialmente cuando no trata de superhéroes o sucedáneos (no os lo toméis como un dogma, simplemente lo afirmo en base de que no conozco los cómics más allá de Europa, Norteamérica y Jápón). En ese territorio puedes llegar a encontrar obras maestras que, en ciertos casos, superan el membrete de género menor. Es el caso de Blankets, de Craig Thompson, un estupendo autor oriundo de Michigan, EEUU.

 

   Antes de hablar de Blankets, repasemos en las limitaciones del comic: ni es un formato lo suficientemente denso como para ofrecer la consistencia y profundidad narrativa de la literatura, ni sus trazos son lo suficientemente regodeados como para compararse a la arrolladora presencia pictórica del cuadro. Pero bien combinados son capaces de crear una historia, buenas historias, dentro de las herramientas que se disponen. Novelas gráficas, la historia narrada a través de imágenes y palabras. No se diferencia mucho del cine, donde el buen guión es crucial, y la puesta en escena de todos los elementos por parte del director termina de engastar la joya en el colgante (que diría Dámaso Alonso si hablara de cómics). En ese sentido, Craig Thompson es un contador de historias sublime.

    Blankets es la historia de un primer amor. Autobiográfica, además. No hay mucho más allá que ver la lenta y progresiva maduración del protagonista (se llama Craig, ¡cómo no!), la profundización en la relación que mantiene con Raina, la chica de la que se enamora, sazonado con la observación de su propio entorno, observación serena aunque obviamente crucial e intensa, donde la relación con su hermano Phil, así como el abiente religioso de su hogar están en primer plano, o la observación del hogar de Raina cuando pasa allí dos semanas, observación más distante pero que ofrece un bien medido contrapeso, pese a sus similitudes. Todo está narrado de manera tranquila, sin apasionamiento, pero con una gran profundidad alcanzada gracias a la sabia disposición de todos los elementos que van formando la historia de Craig. Y en el centro de todo, magníficamente enmarcado, ese primer amor.

   Dos son los grandes aciertos de esta novela gráfica: la delicadeza y la sugerencia. Y expresamente unida a ellas, la potentísima identificación que somos capaces de establecer con los protagonistas, llenos de aristas pero sin estridencias, tremendamente reales. Típico es acudir a un lugar común mientras se lee y pensar en una frase tópica al estilo de "como la vida misma", pero que define a la perfección la historia de la novela. Y es comedida, pero sobre todo, poética. El dibujo de Craig Thompson enamora y acompaña como un guante la narración, dejándonos extasiados desde el principio hasta un final que, pese a llegar de manera abrupta, quizás extraño, sin desenlace o con un desenlace muy estirado, no nos sorprende. Es como la vida misma.

    Este género underground, menor, tan propicio a las bazofias, tiene la suerte de contar con una de las más tiernas (y en absoluto sensibleras) representaciones del primer amor que jamás he disfrutado en el arte, discutiendo ese encajonamiento al que está sometido el tebeo. Me ha hecho soñar y emocionarme. Que es mucho.

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