Palabras
Solía orientar su filosofía en torno al conocido y estoico hallazgo de que la muerte no era más que una ficción. "Pues cuando nosotros existimos la muerte no existe, y cuando la muerte existe nosotros no existimos", se repetía una y otra vez, al modo de un mantra que luchara contra la desidia que gobernaba su vida. Porque aunque tenía esa máxima grabada a fuego y estaba convencido de las virtudes de su optimismo, era una persona melancólica, apática la mayor parte del tiempo. Algo extraño cuyas causas no se explicaba pero que en el fondo, muy vagamente, intuía.
Si alguien le hubiera mostrado una ventana al exterior lo habría entendido. Pero no podía saber, incluso sospechándolo inconscientemente, que ya sólo vivía en veintiséis palabras. Pronto, el desocupado lector acabaría con la entrada, y pasaría a otra, o quizás saldría del blog. Y entonces ya sólo le quedaría una palabra.

La fuga de la palabra y cuando la palabra se le atragantaba entre la vid y la muert a med de amb porque ignoraba su ver est fue arrinc la esen h t s p fue el fin sin averiguar si era cierto su mantra…
( bellisimo tu texto)….
Un abrazo.
por pedro talavan — 25 November, 2007 @ 4:11 pm