Llevaba tiempo queriendo hacer lo que os ofrezco a continuación: un muestrario de las peores tribus urbanas, un top five de los más valientes desechos grupales de la humanidad. Claro que ninguno podrá vencer a un gilipollas individual y concreto (pensemos, por ejemplo, en el plácido Mayor Oreja, en los presidentes de las petroleras o la maldita vecina del cuarto-bé que aún no he conseguido llevarme al cuarto-mío), pero como el ser humano posee una fascinante tendencia a explotar sus inmudicias y sus vergüenzas en compañía, la tentación de este top five es grande, muy grande.
He de avisar de antemano que se trata de una clasificación estrictamente personal, basada en mi subjetividad. Es decir que, conociéndome, podéis tomarlo como un dogma de fe.
Adelante, muchachos, desfilad.
5. El friki
Su presencia cuando hacemos una lista de este estilo es arrolladora. De un tiempo a esta parte hasta han ganado muchas simpatías, incluso logrando que en el cine americano se vea cool ser friki (por supuesto, los actores que los encarnan son del estilo que las chicas quieren arrancarle la ropa, y si hablamos de las actrices, directamente son de un follable que da gusto una vez que les quitas las gafas y les sueltas la coleta de caballo). Sin embargo, como todo ente malvado, ha dado engendros para la sociedad para los cuales aún estamos en proceso de desarrollar anticuerpos: pienso en los emos, a los que dedico otra entrada en este humilde top five, los otakus, una especie bienintencionada e inocua pero completamente ridiculizable, incluso podremos meter en el grupo a los miembros de la asociación no lucrativa (por incapacidad) "Conchita Piquer for president". Lo bonito de los frikis es el amplio rango que abarcan, hasta el punto de que cualquiera podría ser considerado friki. ¿Alguien me niega que George Bush es un friki?
Pero por esa versatilidad, vamos a reducirnos al friki más clásico, al de toda la vida, el que se disfraza de jedi, con el sable láser de pega, suelta su frase de dominar el mundo, y en ese momento está convencido que si una chica le ha observado irremisiblemente querrá llevárselo a la cama, sólo para disfrazarse de Leia Organa (aquél bikini amarillo… ¿cuántos frikis se han masturbado pensando en él?) y empezar a hacer guarreridas. Evidentemente, cuando ven que no resulta, se convencen de que es que algo va mal en el mundo. Pero es al revés: algo irá mal en el mundo si la chica accede pues condición inseparable del friki clásico es ser virgen además de estúpido.
Personalmente, lo que más me revienta de este tipo de friki es el convencimiento de ser más expertos que nadie acerca del Señor de los Aritos, simplemente porque saben con exactitud de qué color es hasta el accesorio más nimio de los elfos de Tarandonguendonfilwien. Sin embargo, ninguno es capaz de explicarte por qué Sam es el verdadero protagonista de la saga ("¿pues no lo eran Frodo, Aragorn y Gandalf?").
4. El radikal independentista
Todo lo que más adelante achacaremos al neonazi se lo podemos achacar a esta interesante fauna urbana que, contra lo que se cree, no es patrimonio exclusivo de Cataluña o el País Vasco. La única diferencia consiste en que mientras entre los neonazis todo es mierda, en este grupo puedes llegar a encontrarte de cuando en cuando gente que vale la pena, incluso gente que vale un porrón la pena. Pero como corresponde al cuarto puesto de la presente clasificación, por norma general son unos imbéciles redomados y aún disfrutan con ello.
Son de izquierdas porque queda cool pero jamás reconocerán que son unos totalitarios de cojones. Esa es la característica esencial de estos subhumanos y que mejor los define. Como toda buena oveja, participan de unos rasgos que se repiten de unos a otros, sobre todo los que están ligados a su indumentaria: pañuelo palestino, boina de pana, pantalón holgado y preferiblemente raído, chapas reivindicativas, barba de dos centímetros de espesor. Escriben con k cuando pueden, y si pertenecen a una comunidad autónoma con su lengua propia, negarán el español por sistema, al ser un ente opresor. Lo gracioso vendrá cuando nieguen a los que hablan español. Si el radikal independentista es además andaluz, o leonés, o de cualquier sitio de estos, entonces ni tengo más que hablar ni necesito convenceros acerca de su estabilidad mental.
Como es de rigor, no es de justicia defenestrar a estos defenestrados por su ideología (uno escucha hablar a gente como César Vidal, por poner un ejemplo, y si me convenciera de que realmente más de la mitad de los españoles pensara así, entonces harían de mi un idependentista vasco… ¡andaluz!), sino por su borreguismo, como corresponde. Lo ridículo de esta fauna es su pretensión de considerarse diferentes en base a introducirse en multitud de clichés de los "diferentes". ¿Alguien me puede explicar por qué demonios todos fuman en papel de liar? Os daré una pista: no es porque sepa mejor (que así es muchas veces) sino porque así queda más chic y más "diferente".
3. El neonazi
Es con diferencia, la más detestable éticamente. Si no obtiene el primer puesto es, más que nada, porque este es un criterio en base a razones estéticas, y los nazis tienen en su bagaje algunas pelis porno con estupendas rubias disfrazadas de las SS, sin olvidar tampoco a una de las dos putas de la despedida de soltero de American Pie 3. Uno tiene sus debilidades.
Como podemos intuir, en totalitarismos y fascismos (entendidos como ideologías supresoras) combaten mano a mano con los radikales independentistas, con la salvedad, ya lo he apuntado, de que entre los radikales hay buena gente e incluso gente valiosa, mientras que en terrenos cerebrales combaten contra los canis, con factor diferencia, de nuevo, de que incluso entre los canis se encuentra algún muy escondido buen chaval (aunque el cerebro sigue sin encontrarse, claro). En España la subespecie se ha manifestado en torno a los herederos de Falange y demás grupos afines, que tuvieron el 20 de este mes su día de gloria.
Los neonazis son un grupo en el que la falta de cerebro es su característica más definitoria, por encima incluso de su racismo o su violencia. Es cierto que sirven para dar buenos personajes al cine, como el de Edward Norton en American History X o Ryan Gosling en The Believer, pero quien diga que gente con esa complejidad existe en la vida real, miente. El auténtico neonazi cree que Mi lucha y Mein Kampf son dos cosas diferentes, pero asombrosamente parecidas a la Biblia.
Sin embargo, lo más fascinante de los neonazis es una rara virtud que no descubro en ninguno de los otros inmundos subgrupos humanos: su epimorfismo, si me permitís la burrada. Digamos que son capaces de traspasar de alguna manera sus características, casi sobrenaturalmente, y volvernos violentos. A mi, al menos, me dan ganas de estamparles la mandíbula contra el bordillo de la acera.
2. El emo
¿Qué decir de los emos? El día que se suiciden de verdad, en vez de simplemente pregonarlo a los cuatro vientos, se convertirán en los más serios candidatos a los premios Darwin. ¿Y quienes son? Quizás, la mejor definición de este sucedáneo de persona no se encuentre en la wikipedia, sino en la frikipedia. Si el curioso lector sigue el enlace ofrecido, podrá asistir a un perfecto y ordenado muestrario de los despropósitos de este mal llamado subgrupo humano (en realidad, hablamos de un grupo subhumano).
Lector, curioso lector, mon semblable, mon frère, ¿ha seguido ya el enlace? Hágalo, por Dios. No quiero ser obligado a escribir sobre lo que ya está magníficamente expuesto. Sólo añadir, y como valoración personal, que no me merecen valoración personal.
1. El cani
Para un servidor, sufrido habitante de la antaño gloriosa Andalucía, este inmundo grupo es el sumum de lo más aborrecible, detestable y odioso que hay en este mundo de criaturitas del Señor. Más allá de su indisincrasia personal o de sus maneras de vestir, lo que define de manera ejemplar a esta fauna es su increíble orgullo por la incultura e ignorancia por bandera. Poseen, además, el dudoso honor de tener entre ellos a las únicas tías buenas en el mundo que jamás me llevaría a la cama, y por la facilidad con la que se me sube la temperatura en esa bonita y alargada anatomía del humano macho cabrío, esto es una verdadera maravilla. un truco del mejor prestidigitador. Si esas Jennys (así se las conocen) vistieran y se pintaran como Dios manda, otro gallo cantaría. Pero así, no puedo
¿Se está perdiendo por no saber qué es el cani? Si es usted uno de los afortunados que no conoce a estas criaturitas, puede espiarles en su propia salsa dándose un garbeo por alguna de sus inclasificables webs, donde hacen una absurda ostentación de ropa hortera, joyas a lo Mr. T., zapatillas muelles y mucha, mucha miseria humana. ¿Miseria humana, digo?
Me explico: éste es el valiente grupo cuya pasión es atrapar entre varios a algún inocente chaval (siempre entre varios, no vaya a ser que lo haga uno solo y salga escaldado si el muchachito resulta contestón), de entre 14 y 16 años, preferiblemente, y tras vacilarlo un poco vaciarle los bolsillos y lo que sea aprovechable. Si además el chaval lleva algún polo lacoste o por el estilo, ya puede echarse a temblar: por azares de la vida, los pijos resultan ser para el cani lo más odioso que hay en este mundo y parte del otro. Y como el resto de la humanidad odia al cani, generalmente el conflicto lo resuelven dividiendo a los humanos en canis y pijos. Usted y yo somos pijos, mi querido lector. Y lo puedo afirmar por una muy sencilla razón: en este post que le ofrezco y que está a punto de terminarse hay más letras que imágenes. Es más, sólo hay letras. La mejor protección posible contra esta miseria humana. Amen, surmano.
Por cierto, ¿qué es el epimorfismo que he mentado al hablar de los neonazis. Si os soy sincero, y aunque recuerdo haberlo estudiado en álgebra durante mi época sevilla, en realidad no me acuerdo. ¿Pero a que queda terriblemente gafapasta?