Los combates cotidianos
Mis queridos, esta será la segunda vez que os recomiende un cómic. Literatura gráfica, underground, todavía demasiado lejos de lo que es capaz su hermana mayor, la Literatura, bastante por debajo de ella en mis preferencias, y por debajo del cine, de la música. Del arte no. Últimamente es demasiado elitista y enfocado al refocile onanista de los pedantes. Y sin embargo, hoy os recomiendo de nuevo un cómic.
Tiene sentido. Bastante harto estoy ya del friki estándar, el ingenuo interesado por la cultura incapaz de salirse de sus moldes y que disfruta como un niño con el superhéroe Spiderman o con el manga Death Note. Si se trata de un narutard, directamente nos invita amablemente a pegarle un tiro. ¿Es que acaso se puede ser un apasionado de Poe y encontrar como lo más divertido del mundo a Karekano? Algunos energúmenos están empeñados en demostrarlo.
Por favor, si tienes un mínimo de interés por la cultura y eres apasionado del cómic no dejes pasar, bajo ningún concepto Blankets, o Paracuellos, o El almanaque de mi padre, si eres un otaku recalcitrante. Pero déjate ya de ser absorbido únicamente con adolescentadas. Están bien para entretenerse, sí, pero no sólo por ellas. Aunque tengan calidad como la tienen algún puñado escaso de obras. Spiderman, sin ir más lejos y por mentar una de las mentadas.
¿Qué quiero recomendarte? Mi último descubrimiento, Los combates cotidianos del francés Manu Larcenet. De nuevo, una historia que se basa en la sencillez alejada de lo grandilocuente, centrada en la mirada tan desapegada como penetrante a la intimidad del protagonista. Él es un fotógrafo de guerra en crisis creativa y de trabajo, que decide retirarse a la campiña gabacha. ¿Algo más? Poco: encuentros con el hermano, con los padres, con un viejo amable (al modo de moderno vavasor como el que acompañara a Perceval en su Queste, por soltar alguna culturetada), y con la inevitable chica con la que establecerá la relación (lo siento, sin pornografía, sin erotismo quand même). Pero son el ritmo narrativo y la perspectiva -tremendamente acrisolada- con la que el autor nos va introduciendo los pequeños detalles que conforman la personalidad y la esencia de nuestro protagonista, los dos elementos que se adueñan con justicia del discurso, creando una obra redonda, minuciosa y cuidada, en las antípodas del habitual cómic de superhéroes americanos y colegiales folladores del japón. Muy, pero muy recomendable, en definitiva. Para onanizarse con calidad. ¿El dibujo? Sencillo, pero al mismo tiempo muy efectivo para recoger los constantes vaivenes y pasos de la narración.
El cómic lo publica Norma Editorial, y justo es darle los euros que pidan pues el cómic lo merece. Hay, sin embargo, algunos desaprensivos que tecleando palabras como "vagos", "combates" y "cotidianos" en google, las tres juntitas, se saltan a la torera el sudor del autor y son capaces de descargarse impunemente por descarga directa los volúmenes, gracias a que los encuentran en el primer resultado. Esos cabrones merecen la horca. Tampoco estaría mal que les cortaran las pelotas.
