Drutz

24 Octubre, 2008

Umbrío por la pena

Categoría: Literatura, Fotografía - artdyl @ 10:02 am

Miguel Hernández

 

 

Cardos y penas llevo por corona,

cardos y penas siembran sus leotardos

y no me dejan bueno hueso alguno.

 

No podrá con la pena mi persona

rodeada de penas y de cardos:

¡cuánto penar para morirse uno!

 

 

(tomada en el cerro de la Calavera, Portaje, Cáceres, en un día entre nubes constantes y lluvias intermitentes)

5 Septiembre, 2008

La crónica de la derrota: Los girasoles ciegos

Categoría: Literatura, Crítica - artdyl @ 10:32 am

   El panorama literario actual es tan amplio como raquítico. Hay más lectores que nunca al mismo tiempo que disfrutamos de más ocio que nunca. Desde que entró con la transición española la sociedad de bienestar en la que estamos inmersos, el mercado editorial no ha hecho más que crecer con y para el amplio contingente de voraces (y veloces) lectores que demandan un tipo de lectura rápida y digerible. Los lectores de metro y de playa y piscina son mayoría, y con ellos, las estanterías de las librerías. O, mejor dicho, de las grandes superficies como el Corte Inglés y la FNAC.

   No es algo negativo para literatura. Ésta pervive junto a los best-sellers, en ocasiones en buena comunión (pensemos en Eduardo Mendoza, por poner un ejemplo). Los cambios que la propia realidad externa ha traído sobre la literatura y la novela, particularmente, son tan válidos como los que van de una época a otra. Terminó la novela social, también la novela experimental. Juan Goytisolo puede dedicarse al ensayo: Señas de identidad no es tan pertinente ahora como pudo serlo en una época que necesitaba y buscaba transformación. Ahora, divertir al público es esencial, y con estas premisas hemos asistido a una progresiva vuelta a la narratividad, al placer de contar una historia, al descubrimiento de unos personajes que nos interesan por lo que son y lo que hacen, y no por lo que reflejan, como con aquellos sufridos personajes colectivos de las novelas del realismo crítico (esa Colmena que todos tragamos en el instituto). Sin la transición y la nueva cultura del ocio, jamás hubieran venido novelas como El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina o Dos mujeres en Praga, de Juan José Millás. Ambas ejemplifican bien la tendencia de las últimas décadas: novelas de metro, de lectura amable, sin renunciar al cuidado del lector. La parte literaria vendrá dada por la mejor o peor administración de los recursos. La de Antonio Muñoz Molina es una gran novela, imprescindible, mientras que la de Juan José Millás es una obra insulsa y bastante sobrevalorada, beneficiada por un público medio, que no es inculto pero tampoco dotado de un criterio sobresaliente, incapaz de diferenciar entre ambos. Pero es ese público mayoritario la porción más jugosa para editores y escritores.

   Del mercado más marginal, mejor no hablar. Sobre la literatura más audaz y minoritaria predomina la basura más pretenciosa y ombliguista. Su tendencia natural es morir, ajenos a la industria del libro, salvo en el círculo de amigos y coleguillas que se dedican al autobombo.

   La calidad media del momento es esa: una calidad media que trata de ajustarse al tipo del lector moderno. Por arriba, como el caso mentado de Muñoz Molina, o por abajo, como en el caso de Juan José Millás. La pena es que hay mucha ficción puramente mercantilista, con valores literarios escasos o directamente nulos: lo más vendido ahora es Zafón, un artesano del best-seller, que además lo hace de maravilla, pero cuyas novelas aportan absolutamente cero al panorama literario. El caso contrario, el libro que se ajuste al juego del mercado y que verdaderamente aporte, sin pasar de ser una obra simplemente meritoria como las de la mayoría de grandes novelistas de ahora, nos arrastra una nómina tremendamente exigua de obras con mayúsculas.

   Alberto Méndez y su libro, Los girasoles ciegos, es una excepción fascinante. Méndez murió hace casi cuatro años, a la edad de 63. Su obra, su única obra, se publicó hace tres. Ganó el Premio Nacional de la Crítica, algunos más, y poco a poco, y tras un arranque casi clandestino, ha conseguido hacerse a través del boca a boca con un éxito extraordinario y continuas reediciones. A Alberto le hubiera gustado ver el éxito que le destinaba a su tardío, y único, retoño.

      Los girasoles ciegos es un libro que "va" de la Guerra Civil, como tantos otros. Al igual que tantos otros, ha pasado de la condena del franquismo que se plasmaba en las primeras novelas de esa temática durante los primeros años de la Guerra Civil hasta el puro registro, tan intimista como poco condescendiente, que se centra a explorar las repercusiones que el enfrentamiento fratricida y la larga posguerra depositaron en nuestras memorias tanto colectivas como individuales. Los girasoles ciegos es un libro duro. Son cuatro relatos, los cuatro marcados con el epígrafe de "derrotas". Primera derrota, Segunda derrota, Tercera Derrota y Cuarta derrota. Cada una de ellas es una historia de infamia y desolación en un país de cimientos revueltos. Un capitán nacional que, poco antes de la rendición de Madrid, se rendirá él mismo a los republicanos, preso del sinsentido de la guerra. Un joven que ha de huir con su mujer embarazada, hasta que ella muere en el parto, dejando al joven solo con su hijo recién nacido en una cueva perdida, donde la supervivencia ofrece su cara más dura.  Un soldado republicano capturado por las tropas fascistas que, para retrasar su ejecución, miente ante su juez, narrando la falsa heroicidad de uno de sus compañeros, hijo del que ha de dictarle sentencia. Y por último, la historia de un republicano escondido en su casa, que tiene que asistir impotente a los sucesivos intentos de seducción de su mujer por parte de un lujurioso diácono.

      El segundo de los relatos posee quizás las páginas más bellas y sobrecogedoras que se han escrito en los últimos tiempos. A modo de diario, que nos desnuda con crudeza la intimidad del protagonista, asistimos a su creciente desolación, a la tremenda carga que el supone el cuidado de un hijo sobre el que no deposita esperanzas de ningún tipo y ante el que no tiene medios para ofrecerle una mínima atención. Sin embargo, la verdadera catarsis nos la ofrece la prosa del autor, llena de sensibilidad, permitiéndonos descargar un caudal de emociones y sentimientos enconados como pocos libros han sido capaces de conseguir. 

   Pese a su apariencia de libro de relatos en parte aislados, con la temática del fin de la Guerra y de los derrotados como único punto de unión, en principio, impresión que se acentúa en cuanto se observa la diferente factura estilística con la que se discurre en cada una de las cuatro partes, Alberto Méndez ofrece su mayor rasgo de maestría cuando observamos que consigue una unidad perfecta, en la que cada parte es imprescindible para aprehender el todo. Una velada red de referencias relacionan las historias entre sí, de modo que cada una de ellas amplía y matiza al resto. Con la conocida técnica del contrapunto, la misma de Huxley o Dos Passos que popularizaran luego los hispanoamericanos del Boom , el libro se mueve a distintos niveles de significado, enriquecidos en su contraste sucesivo, y que el lector ha de ir tejiendo por su cuenta para extraerle al libro todo el jugo que atesora. 

   Al fin, lo que permanece es una de las historias más impresionantes que se han escrito jamás sobre el conflicto español (o cualquier conflicto). Pero, sobre todo, nos deja una historia tremendamente intimista, de un lirismo exacerbado, donde las historias individuales escriben una crónica sobre la dignidad del hombre, sobre la redención y sobre la desoladora carga de la miseria.

   Pero, sobre todo, un libro de una belleza apabullante.

   No tengo intenciones de ver la película: si es mala, contaminaría mis recuerdos del libro; aun si es buena, seguramente la tremenda calidad del libro deje, para el que se adentró en sus páginas, un poso de "quiero y no puedo" en el filme. 

 

6 Mayo, 2008

Otra muerte más de la novela

Categoría: Literatura, Filología - artdyl @ 9:28 am

   Tom Wolfe, en una entrevista que a medias recoge El País Digital, nos abre los ojos y nos demuestra que "la novela está muriendo rápidamente". Igual que hace unas cuantas de décadas. Aburre, y aburre mucho, que siempre sean los mismos mediocres los que se llenen la boca con sentencias de este calibre. Ya en 1999, creo, escribió Vargas Llosa sobre la muerte de la novela. Si bien de Vargas Llosa me han contado que es un gran novelista y me fío de las personas que me lo han contado, ya ha dejado sobradas muestras en distintos medios que como ensayista y pensador es mediocre, muy mediocre, y más todavía cuando ha ejercido de crítico literario, hasta el punto de quitarme las ganas de leer sus novelas. Poco más o menos que Tom Wolfe. Ambos se amparan en la cultura de masas, la del ritmo vertiginoso, la que tan fácil admite que donde dije "digo" diga "Diego". La novela ha muerto, en fin, hace unos cuantos de años, muere rápidamente ahora. No sé qué hago leyendo a Apuleyo o Chrètien de Troyes, ahora que definitivamente son fósiles.

   Pero cuidado, que el de La hoguera de las pretensiones (¿o era de las vanidades?) lo justifica argumentadamente: el verdadero destino de la literatura es la no ficción y el periodismo no desaparecerá. Seguramente Wolfe podría pensar en algo como Soldados de Salamina a modo de modelo de lo que se estila ahora y ha de seguir destilándose, introducciendo algo de ficción en lo que en realidad es no ficción. Pero claro, llegan Los girasoles ciegos, la estupenda obrita de Alberto Méndez, y metemos más ficción todavía en lo que ya es un fantasma de la no ficción. Para despistar. Y la novela dale que te pego, la muy condenada, muriendo rápidamente. Y los lectores que se jodan.

   ¿O era Tom Wolfe ladrando a la luna?

 

20 Diciembre, 2007

Paris, oh là là!

Categoría: Literatura, Curiosidades - artdyl @ 11:47 am

   Descubro una página sencillamente maravillosa, ParisAvant.com, una impresionante colección de fotografías parisinas duplicadas, la añeja y la contemporánea, el pasado y el presente aunados en un mismo golpe de vista.

   ¿Y sería realmente necesario hablar de París? Hay tantas maneras de hacerlo como miradas individuales que han paseado por sus calles. París monumental, París literario, París-embriaga, todo París, tu París, mi París. La ciudad que conocí por primera vez de niño, la misma a la que volveré, porque así ha de ser. Y el París de Rayuela, cortazariano, el que se visita entre sonidos de Jelly Roll Morton y aire con puchos argentinos. Pero, sobre todo, el París atemporal. Y no sólo de sensaciones, sino también la atemporalidad física, demostrada en esta colección de fotografías. La página de ParisAvant merece una visita detenida, de manera ordenada, exhaustiva, o vagamente diletante, poco a poco, según el ánimo del mirón. Hay material de sobra: 290 fotografías a fecha de hoy, y aún creciendo.

   Propongo, porque no podría ser menos, algunos de los escenarios de Rayuela presentes en esta magnífica colección. Va por todos los que conocimos a Cortázar y su París.

"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine (…)" [1]

"(…) quizá estuviera charlando con una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard de Sébastopol (…) "[1]

"(…) No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él (…)" [6]

"(…) Viniste aquí para encontrar tu estatua esperándote al borde de la Place Dauphine (…)" [31]

"(…) nos encontraremos mágicamente en los sitios más extraños, como aquella noche en la Bastille, te acordás (…)" [20] 

"(…) espantosamente perdidos en su idilio público, metiéndose al final por la rue de Nevers, y entonces la Maga había dicho (…)" [36] 

"(…) Por la rue de Varennes entraron en la rue Vaneau. Lloviznaba, y la Maga se colgó todavía más del brazo de Oliveira (…)" [9] 

   ¿Y vosotros? ¿Encontráis más lugares bendecidos por la pluma del argentino? 

8 Diciembre, 2007

Áltera

Categoría: Literatura, Estupidez humana, Filología - artdyl @ 5:07 pm

   Aunque de manera cada vez menos frecuente, suelo darme un garbeo por libertaddigital. Los motivos son varios: aburrimiento, ganas de ver el percal en la derechona ibérica y, sobre todo, regodearme un poco en la imbecibilidad humana, que suele ser un sano ejercicio de autoestima. Claro que últimamente lo único que consigo es indignarme al tiempo que me convenzo, muy pesimistamente, de que es algo muy difícil, por no decir imposible, quitarle las anteojeras equinas al imbécil ideológico medio (y bajo y superior).

   La curiosidad de hoy viene a cuento de que he tenido ocasión de acceder al blog del pseudohistoriador Pio Moa, sobre cuyos contenidos es una pérdida de tiempo hablar. Como es de rigor cuando se trata de esta especie de sitios, las mayores imbecilidades se concentran en los comentaristas apologéticos, donde se aprovecha para hablar de la conspiración del 11-M y de la rendición incondicional del Gobierno a ETA, venga o no venga a colación de lo expuesto en la entrada correspondiente. Hay, además, otro comentario tipo bastante extendido que defiende a Pio Moa y sus pretensiones de hallar la VERDAD histórica (supongo que al escribirlo en mayúsculas piensan que es más verdad aún). Es en varios de esos comentarios cuando al mencionarse varias editoriales que le apoyan he recordado una de las más curiosas del panorama libresco: Áltera.

   A Áltera la conocí yo a través de una edición de A Child’s Christmas in Wales, maravilloso librito de Dylan Thomas con el que me hice sin dudarlo nada más verlo, hará unos cuantos años. Sería la única vez que vería bien a esta editorial. La siguiente noticia que tuve de ella fue de vergüenza ajena: plagiaron una edición de Francisco Rico sobre las Carmina Burana con la técnica del más infame escaneo. Lo hicieron tan bien que en notas a pie de página se advertían, además de la copia exacta, pequeños errores sólo atribuibles a un lector óptico que escaneara la edición anterior. Rebuscando por internet, encuentro que El País conserva la noticia que leí entonces. Lo que no recuerdo con exactitud es de cuáles eran las imbricaciones entre Jose María Aznar y Áltera, pero algún tipo de relación subyacía, si no me falla la memoria, dotando de transfondo ideológico a la editorial.

   Resumiendo, que recordando los vergonzosos antecendentes de Áltera, y tras ver el incondicional apoyo a Moa, la curiosidad me ha llevado a visitar la página güeb de la susodicha. El resultado, como era de esperar, para tomárselo a pecho o a chiste, según estado de ánimo. Tras sufrir un pequeño atentado visual ante el color chillón de la página, me dispuse a echarle el pertinente vistazo a las novedades destacadas, que nos ofrecen en toda su crudeza la triste realidad de este aborto de Botella. De nueve novedades destacadas (a fecha de esta entrada), una nos vende La gesta española, de un tal José Javier Esparza que, cuidado, es "un maestro de la divulgación probado en la COPE"; en otra  Alfonso Merlos da voz a 25 personas, entre escogidísimas víctimas de ETA y no sé quién más, para explicar al Gobierno por qué no se debe negociar en  ¿Rendirse ante ETA?; por su parte César Alonso de los Ríos escribe el elocuente Yo tenía un camarada. El pasado franquista de los maestros de la izquierda; y, cómo no, tampoco se pierde ocasión de meter algo de literatura: el escogido es el maestro Dostoievski y su El sueño de un hombre ridículo, grandísimo autor y uno de los pocos agradables al católico profundo, que cuando arriba a aguas literarias se pierde en un mar de inmoralidades y, sobre todo, criterios y pensamientos propios.

   En fin, y como ustedes comprenderán, una entidad más que añadir al largo paquete de "fuentes que hay que mirarse con cuidado antes de creerse cualquier cosa que digan pero que si lo identificas has  de buscar más cosas de ellos porque-te-vas-a-descojonar-seguro", cuyo mejor exponente es la ya mentada libertaddigital. Por cierto, y para terminar, si a alguno le da por comprarse el Manual para escribir como un periodista de Carlos Salas, otra de las novedades de Áltera, ¿será tan amable de comentarme qué escáneres recomiendan? Para cambiar el mío, que va quedando anticuado, digo.

15 Junio, 2007

Cuando la literatura es ideología

Categoría: Literatura, Estupidez humana - artdyl @ 4:08 pm

Soy un cliente habitual de casadellibro.com. Aunque como todo lector romanticoide disfruto de la visita a las librerías, perdiéndome entre las estanterías, hojeando hasta encontrar algo que me interese y gastar, de nuevo, mis euritos en otro libro más que adorne mi habitación, gran cantidad de veces busco un libro en concreto que no está el las librerías que tengo cerca. Pedirlo por internet, y pese al costo de los gastos de envío, además de más cómodo, se me ha descubierto más rápido en la mayoría de las veces que dejar encargado el libro.

 La página tiene además, algo interesante: la posibilidad de que los lectores inserten sus comentarios para recomendar (o no) un libro en concreto. He podido contemplar análisis bastante justos, de gente que se nota que entienden de lo que hablan. Pero hay otras ocasiones en los que el resultado es algo triste e hilarante a la vez. Es el caso de la entrada correspondiente a El espejismo de Dios, la versión española de The God Delusion de Richard Dawkins. Como corresponde a un libro tan polémico como este, el ideario divulgativo de un autor ateo hasta decir basta (para muchos un crimen mayor que ser un religioso cuya mayor afición sea alcanzar el paraíso inmolándose con una bomba y arrastrando el mayor número posible de personas consigo), el libro suscita bastantes controversias.

Los comentarios que los lectores han escrito en su entrada correspondiente son bastante clarividentes: en el momento en que entre en juego la ideología, toda valoración objetiva se pierde. Contempladlo vosotros mismos.

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