Drutz

12 Febrero, 2007

Sobre diezmos

Categoría: Religión, Estupidez humana - artdyl @ 11:46 pm

   La Iglesia Católica se parece a un niño. Acostúmbralo a recibir cada dos o tres meses un nuevo juego para su Play Station, su Xbox o la consola que tenga, y ¡no se te ocurra cortar el grifo! o el niño se sentirá profundamente preso de una injusticia. El niño, además, crece, recibiendo el dinero a manos abiertas y con 28 hermosas primaveras aún vive en casa de sus padres, que le permiten continuar sus caprichos. Acaba de salir la PlayStation 3 y no es el momento de abandonar el nido.

   Hace 28 años del acuerdo en el cual la Iglesia se comprometía a alcanzar su autofinanciación. Se ve que nuestros amigos los prelados se han acostumbrado al dinero gratis, y la pretendida autofinanciación de la Iglesia Católica queda lejos. 28 tocándose las narices y pidiendo. Cualquier persona con dos dedos de frente se daría cuenta del fraude. Un fraude, que si no se ha solucionado, es porque aún somos un país católico. Reaccionar con energía contra la Santa Sede sólo traería respuestas airadas del amplio sector católico. Si no fuera por eso, hace tiempo que el asunto estaría felizmente liquidado y el Gobierno dejaría de regalar dinero extra al convenido.
Pero lo grave del tema es que el fraude se realiza a un nivel más profundo. Con cada reinvindicación de los materialistas obispos, se discute la asignación que ha de recibir la Iglesia activando la casillita en la declaración de la renta, pero no se discute la manera en la que se realiza esa asignación. Y lo cierto es que con la casillita todo aquel que la marca nos está robando, gracias al sistema.

   Me explico: cuando uno paga los impuestos, ese dinero deja de ser de uno para formar parte de la comunidad, reinvirtiéndose en unas necesidades comunes (sistema sanitario, educación, etc) de las que nos beneficiamos los españoles. Parece una perogrullada, pero es evidente que no se tiene en cuenta: el que marca su casilla en la declaración de la renta está haciendo que parte de ese dinero no pueda alcanzar esas necesidades, pues está decidiendo sobre un dinero que no es suyo. Hablando en plata: nos está robando. Y a quien argumentara que la religión entra en ese saco de necesidades, estando justificada la asignación, le respondería que no es ético considerar la Iglesia como una necesidad de los españoles que tenga que abordar el Estado. La Iglesia se basa en algo por definición indemostrable, con tanta solidez empírica como la tiene el Monstruo de Espagueti Volador. Maticemos: no digo que la Iglesia merezca la misma consideración que el Pastafarismo (sólo lo insinúo), sino que trato de incidir en el hecho de que la Iglesia (y por ende la religión) posee su ámbito en un terreno que no se mezcla con el Estado, ocupado en administrar sus actuaciones según parámetros terrestres (empíricos), y no trascendentales o epilépticos. Pertenecen a dominios distintos. En otras palabras, el Gobierno es el César, y a él le corresponden sus asuntos (¿qué fue de "al César lo que es del César", la enseñanza de Jesucristo más repetidamente ignorada por la comunidad eclesiástica?). La religión NO es asunto del Estado, que no debería lidiar con las indemostrables necesidades de un sector.

   Aún así, si la Iglesia para organizarse necesita de medios materiales (evidentemente, la telepatía no está entre los dogmas) me parece justo que el Estado organice y ayude en cierta manera a las congregaciones religiosas. Pero eso significa con la posibilidad de añadir un 0,7 a la declaración de la renta, no de restarlo.

   ¿Y todos contentos? No lo creo: supongo que el niño reaccionaría como el que está definitivamente malcriado.

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